lunes, 14 de mayo de 2007

Películas para acríticos

O sea, películas que uno no comentaría en una reunión con críticos de esos que se pajean con el cine iraní o para los que "Babel” es el “paradigma de la deconstrucción narrativa” pero que, por más que las ponen en la tele, no puede dejar de ver.

- "Aterriza como puedas".
El surrealismo hecho película. Ese comandante preguntando al niño que visita la cabina si ha estado alguna vez en una prisión turca, esa azafata que ofrece a una anciana interesada en leer algo el folleto “Viejas leyendas de deportes judíos”, esa histérica ante la que el resto de pasajeros hace cola para hostiarla, ese Karim Abdul Jabbar saliendo a rastras con el uniforme de los Lakers, esas conversaciones del tipo: “Debemos aterrizar lo antes posible, hay que llevarlos a un hospital” / “¿Qué es, doctor?” / “Un gran edificio blanco lleno de camas y enfermos, pero eso no importa ahora, señorita...” Podré verla mil veces y me seguiré riendo con escenas como éstas, aunque me las sepa de memoria (o precisamente por ello).

- "Top secret".
De los mismos y, por tanto, igual de surrealista: el vendedor ambulante que ofrece “zurullos de coña”, la presentación de los miembros de la Resistencia francesa (Café au lait, Croissant, Canapé, Tour Eiffel…), “aquella-cuyos-senos-desafían-la-ley-de-la-gravedad”, la abuela en taca-taca que responde a la llamada que debe anular una ejecución, el guerrillero que estornuda y, al ver el “resultado” en sus manos, se tira por la ventana…

- "Granujas a todo ritmo".
Patética traducción de “The Blues Brothers”, pues de ellos trata la película, de los hermanos Jack y Elwood Blues, creados por los actores Dan Aykroyd y John Belushi para resucitar los grandes clásicos del soul en giras organizadas al efecto en Estados Unidos. El planteamiento es simple: tras la salida de la cárcel de Elwood, éste tiene una visión: han de reunir a la banda para recaudar fondos con los que salvar el orfanato en el que estuvieron de niños. En el camino, se toparán con Aretha Franklin, Ray Charles o James Brown; serán perseguidos por músicos country, nazis y policías; intentará asesinarlos la exmujer de Jack, interpretada ni más ni menos que por Carrie Fisher (la princesa Leia)… y todo ello sin quitarse en ningún momento los sombreros, las gafas de sol y los trajes negros, copiados por “Caiga quien caiga”, y sin que dejen de sonar clásicos como “Think”, “Sweet home Chicago” o “Everybody needs somebody to love”. Dicen que la persecución de coches del final es la mejor de la historia del cine.

- "Forrest Gump".
Es original la idea de repasar la historia reciente americana de la mano de un retrasado mental, atribuyéndole algunos hitos de la misma y presentándolo como el único personaje con principios sólidos, capaz de saltar de su barco en marcha porque le gritan desde la orilla que su madre se está muriendo. Otras escenas favoritas: la de Forrest dando de hostias a un líder de los “panteras negras” que osa pegar a su amada, la de los frikis que lo convierten en una especie de líder espiritual por dedicarse a correr de costa a costa, la de su creación accidental del icono Smiley…

- "Un día de furia.
¿Cómo no sentirse identificado con el protagonista? ¿Cuántas veces hemos sentido ganas de amenazar con una recortada al típico dependiente o funcionario incapaz de saltarse una norma por muy lógico que resulte hacerlo, como la camarera de la hamburguesería que se niega a servir un desayuno a Michael Douglas por pasar dos minutos de la hora estipulada? ¿Hasta qué punto deseamos los madrileños disponer de un bazoka con el que volar alguna de esas aceras levantadas una y mil veces por tanta obra? ¿Qué no daríamos por acojonar con nuestro arsenal a los despreocupados usuarios de un campo de golf construido, especulación mediante, sobre lo que antes era un parque infantil?

- Las de Bud Spencer y Terence Hill.
Es decir, “Y si no, nos enfadamos”, “Estoy con los hipopótamos”, “Dos superpolicías” y tantas otras películas increíblemente malas pero, como pocas, capaces de provocar tanta nostalgia a un treintañero. Ahora resultarían políticamente incorrectas, porque el tema, siempre el mismo, radicaba en la resolución de conflictos a bofetada limpia, pero ¡qué bofetadas! Con la mano abierta y hacia abajo las de Spencer; con todo tipo de objetos (sartenes, palos de billar, raquetas…) las de Hill. Recuerdo que, en el colegio, nos invitaron a todos los alumnos a ver una de sus películas, no recuerdo cuál. El caso es que, en un momento determinado, después de que el malo –un comisario corrupto o algo así- le hubiera estado tocando las pelotas durante todo el metraje a Bud Spencer, éste le metía un soplamocos que lo dejaba tumbado y que todos los espectadores esperábamos como agua de mayo. ¡La sala estalló en aplausos y hurras! ¿Dónde se ve eso ahora?

- "Abierto hasta el amanecer".
Pocas cosas desahogaban tanto como esos videojuegos sin argumento en los que podías dejar el cerebro en la habitación de al lado y preocuparte tan sólo de masacrar a todo aquel que se cruzara en tu camino. Como estas distracciones han pasado a la categoría de arte (igual que los cómics, que ahora son “novelas gráficas”), se han enrevesado hasta extremos inverosímiles (para jugar a algunos hay que haberse leído la obra completa de Tolkien o tener una licenciatura en Aeronáutica) y uno no tiene tiempo ni ganas que dedicarles, la segunda parte de esta peliculilla de Robert Rodríguez ofrece esa relajante dosis de violencia gratuita que todos necesitamos de vez en cuando para rebajar la tasa de adrenalina. George Clooney y Harvey Keitel exterminando vampiros y zombies mientras suena la música de “Tito y tarántula”… qué placer.

- "Grease".
Al igual que todos llevamos dentro un nazi intolerante -o un estalinista violento, por satisfacer a todas las sensibilidades políticas- al que apaciguar con películas como las anteriores, todos tenemos nuestro lado hortera. Y “Grease” es la exaltación de la horterada, con sus personajes vestidos de chuloputas, sus cantantes sin complejos a la hora de entonar el falsete, sus coches rosas con alerones, sus coreografías grotescas… y esos nombres, Sandy y Danny, que vendrían a ser nuestros actuales Jonathan y Jennifer.

P.D.: Volviendo al cine iraní, recuerdo una peli que vi, titulada "¿Dónde está la casa de mi amigo?", cuya sinopsis decía algo así como "Un niño, viendo que su amigo se ha olvidado el cuaderno en clase y que el profesor le castigará por ello al día siguiente, decide hacerle los deberes y buscar su casa para dárselo". Bien, pues resulta que la sinopsis coincidía al pie de la letra con el guión, porque eso, y no otra cosa, era lo que pasaba en hora y media. El puto niño protagonista hacía los deberes, buscaba la casa del colega, más desorientado que Jesulín de Ubrique en el Thyssen, y, cuando la encontraba, le daba el cuaderno de marras... y se acabó.

jueves, 10 de mayo de 2007

¿Y Franco qué opina del peinado de Beckham?



He dejado de leer periódicos. Ni por eliminación encuentro alguno que no me dé ganas de vomitar por su partidismo, manipulación y sensacionalismo. Así que me limito a elmundo.es, menos amarillo que su hermano impreso, mejor diseñado y con una navegación más amena -a mi juicio- que las versiones online de otras cabeceras nacionales y con la ventaja añadida de publicar las últimas noticias casi en tiempo real, como la radio. Pues bien, acabo de entrar en su página y me he topado con un fascinante titular -arriba, junto a la cabecera, entre los destacados- según el cual Beckham se ha cortado el pelo, con fotito incluida por si no me creo tamaño notición. La pregunta, claro, es: ¿y?

En la facultad me enseñaron que los dos criterios para valorar una información son el interés y la importancia. Por ejemplo, la presentación de los Presupuestos Generales del Estado es una noticia importante, porque nos afecta directamente a todos, pero no interesante, porque aburre a las cabras. Al revés, el descubrimiento de la tumba de Herodes es interesante -histórica y culturalmente- pero no importante, porque, si no la hubieran encontrado, no hubiera pasado absolutamente nada.

El corte de pelo de Beckham, a todas luces, no es importante, así que para los responsables de elmundo.es debe de ser interesante. Lo triste es que probablemente tengan razón, que lo que este niñato hortera hace con su cabellera interesa a un montón de gente. Ha sido leerlo y recordar también cuando, hace años, Capello dimitió -o lo echaron o se fue porque se le acababa el contrato, qué más da- como entrenador del Real Madrid. Ese mismo día habían muerto en un accidente de tren en África cientos de personas. ¿Con qué abrieron los telediarios?

Tampoco hay que remontarse en el tiempo. Cualquier informativo televisivo de hoy en día se caracteriza por la abundancia de sucesos, chorradas varias -de esas que presenta con su media sonrisa el holograma humano Matías Prats, en plan “ha nacido un gato rojo con tres penes en China, menudo lío al ir al baño, ja-ja-ja” y cotorreos futbolísticos. Bien es verdad que, si de política nacional se trata, el nivel es tal -declaraciones cruzadas entre un partido y otro sin el menor contenido- que no merece atención (salvo los exabruptos trimestrales de Aznar, al que el PSOE nunca podrá agradecérselos lo suficiente). Y, a nivel internacional, los cien muertos diarios en Irak, el enésimo atentado en Palestina o la última subnormalidad de Bush han dejado de interesar por el tono cansino con que se emiten.

Por terminar con la radio, fue el primer medio informativo que abandoné, antes incluso que la prensa o la tele, porque, si la formación de mi opinión depende de tanto tertuliano omnisciente, apaga y vámonos. Así que aquí estoy, feliz cual abuelo de “¿Y Franco qué opina de esto?”. Con todo lo que me queda por hacer en esta vida, ¿para qué dedicarle tiempo a informarme si de lo que debo enterarme es del peinado de Beckham?

lunes, 7 de mayo de 2007

La estética abertzale

Se puede criticar tanto y de tantas maneras al mundillo abertzale que da pereza. Además, cuando uno escribe un blog, intenta ser original, y a estas alturas poco queda por decir de batasunos y gentuza similar. Así que dejaré a tertulianos y otros iluminados la labor de comentar su apoyo al terrorismo, su kale borroka, su cerrazón ideológica, su analfabetismo… y me ceñiré a un tema no por poco abordado menos interesante: la estética abertzale.

Si uno se fija cuando emiten en la tele imágenes de Otegui y sus amiguitos, parecen todos clones de un mismo ser, a mitad de camino entre el señor Barragán y Kate Moss de resaca. De arriba a abajo, empezamos por ese pelo que parece cortado a mala hostia en los calabozos de Inchaurrondo, a trasquilones y aplastado, supongo que para que encaje bien la chapela. Muchos le añaden una estúpida coletita a modo de toma de tierra, como si su cerebro, a fuerza de almacenar tanta tontería, corriera el riesgo permanente de cortocircuitarse.

A continuación descubrimos que el libro de estilo de Batasuna debe de prohibir el uso de camisas. ¿Será una prenda maketa? Porque todo abertzale que se precie, de cintura para arriba, ha de llevar nada más que camiseta en verano y jersey en invierno (encima de la camiseta). En cuanto a ésta, oscila entre la variedad monocromática -negra, por lo general, como su alma- de Otegui o la pseudojipi estampada a brochazos del militante de base. Y lo del jersey clama al Cielo: ni en el puesto más mugriento del Rastro madrileño se los encuentra más feos. Que conste que yo los he llevado espantosos, pero es que me los hacía mi abuelita, con lo que compensaba su fealdad con el cariño que ella les había puesto. Ahora bien, si estos hijos de puta no tienen ni padre conocido, ¿cómo van a tener abuela?

El pañuelito palestino al cuello no es condición indispensable para lucir como un buen abertzale, pero es probable que internamente dé puntos. Igual que pegarse a la camiseta unas buenas pegatinas con las banderas de Cuba y el Líbano, demostrando al mundo que su cacao mental no lo supera ni el director general de Nesquick. Lo que sí es inexcusable, de cintura para abajo, es el pantalón de chándal, que los cócteles molotov manchan mucho y no todas las prendas (¿verdad, Zara?) resisten varios lavados. Lo mismo que las deportivas en los pies, siempre sucias de tanto hollín que desprenden los autobuses quemados.

En cualquier caso, hay que reconocerle a esta gente que lo pone fácil. Con detener a todos los chandaleros andrajosos de pelo corto que la Policía encontrara en el País Vasco, se acababa ETA y el terrorismo vasco. Nos quedaría sólo el racismo araniano del PNV y EA, pero los miembros de estos partidos, al menos, no matan a nadie, aunque se la pele cuando lo hacen otros y sus declaraciones insulten hasta a la inteligencia de las amebas. Eso sí, el anillito negro que luce Ibarreche es un atentado contra el buen gusto que desde aquí animo a perseguir a la Audiencia Nacional.

jueves, 3 de mayo de 2007

Miscelánea de seres despreciables

Es decir, personas a las que uno cree justificado aplicar la peor de las torturas y que, por no dar de sí para una entrada propia, recopilo a continuación, animando a posibles lectores a ampliar la lista.

- Los que dicen que Rossy de Palma tiene una belleza “picassiana”.
Seamos serios: Rossy de Palma es más fea que pegarle a un padre o, ya puestos, que el “Guernica” o “Las señoritas de Aviñón”. Bien es verdad que se parece a alguna de las figuras de este último cuadro, pero eso la convierte, a lo sumo, en picassiana, no en belleza. Esa nariz torcida y kilométrica, esa boca de yonki con mono, esos ojos más caídos que las tetas de Sara Montiel… por favor. A lo mejor la chica es buena actriz y una excelente persona, pero es que, aplicando la misma regla de tres, el Fary sería una belleza bosconiana y el enano del Dúo Sacapuntas (que en paz descense), una belleza velazqueña.

- Los que piden un sueldo para las amas de casa.
Esta gilipollez paternalista es tan evidente que sobraría todo comentario si no fuera porque hay gente aún más idiota que se dedica a calcular periódicamente la aportación de las amas de casa al PIB o lo que se llevarían de pensión si cotizaran a la Seguridad Social. ¿Por que no dar un sueldo también a los maridos que hacen chapucillas en casa, a los presidentes de las comunidades de vecinos, a los hijos que bajan la basura, a las viejecitas que limpian las cacas de sus perros... o a los amos de casa, que haberlos, haylos?

- Los que dedican su tiempo a estudios estúpidos.
El otro día leí una noticia en el periódico según la cual los españoles somos los europeos que menos nos quejamos mientras esperamos en una cola. Hoy he leído otra sobre la velocidad media de los madrileños al andar, que nos convierte en los terceros más rápidos del mundo por detrás de los habitantes de Singapur y de no recuerdo qué otra ciudad. ¿Para qué coño sirve todo esto?

- Los que hablan con supuesto acento chino en los restaurantes chinos.
Es decir, los que, por ejemplo, levantan el brazo y rebuznan: “Camalela, tlaiga más aloz, pol favol”. Qué pena de muerte más merecida. Y si, al decirlo, miran a su alrededor en busca de la complicidad de los otros comensales, qué descuartizamiento posterior del cadáver más merecido. Y si, además, le propinan un codazo de colegueo al de al lado, qué meada sobre su tumba más merecida.

- Los que flipan con el golf.
No los que se limitan a jugar y ya está, que también tienen lo suyo, sino los aficionados a perorar sobre las bondades de este ¿deporte?, consistente en pegarle un hostión a una pelotita y mandarla a tomar por culo para luego andar un buen rato en su busca. Que si con el golf se disfruta del medio ambiente (después de habérselo cargado construyendo el campo), que si es un ejemplo de ecología por el uso de agua reciclada (que también servirá, digo yo, para regar cultivos más aprovechables en un país candidato a la desertización como España), que si con tanto paseo se puede charlar amigablemente de negocios (pues chico, te llevas al cliente al campo, cogéis una piedra, la lanzáis a hacer puñetas y a por ella)...

- Los que van de vacaciones a la India y, al volver, dicen que este país les ha cambiado o cuentan que en él se hace esto o lo otro.
¿Por qué les ha cambiado? ¿Porque han visto que los pobres pueden vivir con dignidad? ¿Y para enterarse de eso se tenían que ir a la India? Por otro lado, en este país hay 1.000 millones de habitantes, cientos de idiomas, docenas de razas, fieles de no menos de cinco grandes religiones, climas que oscilan entre el invierno casi permanente del Himalaya y las temperaturas asfixiantes del sur... con lo que cualquier expresión que empiece por "en la India, lo que hace la gente es..." debe desecharse. Nadie puede pretender conocer un país más grande que Europa Occidental por haberlo visitado 15 días o un mes. Cuando viajen a él casi un centenar de veces, como el yogui español Ramiro Calle, que empiecen a plantearse abrir la boca.

- Los que escriben de Joaquín Sabina que es un “canalla entrañable”.
Canalla lo es, por esa vida de crápula nocturno que tanto gusta de airear. Entrañable, según se mire. A mí me lo resulta, pero hay gente a la que le cae como una patada en el estómago, supongo que por su demagogia política. Ahora bien, lo de “canalla entrañable” está más visto que lo de “Estambul, a caballo entre Oriente y Occidente" o lo de "Madrid, donde a nadie se le pregunta su origen", así que todo periodista que emplee tal recurso debería ser expulsado de la profesión, si es que ésta existe.

- Los que, según ellos, corrían delante de "los grises".
O sea, tantos y tantos hombres españoles en la cincuentena. Si todos los que dicen que corrieron delante de "los grises" lo hubieran hecho, no entiendo cómo duró casi 40 años la dictadura de Franco, el cual, que yo sepa, murió en la cama de viejito. A lo mejor son los mismos que el 23-F se quedaron en sus casas debajo del sillón, porque delante del Congreso sólo había algún periodista con cojones y un par de curiosos que pasaban por allí.

jueves, 26 de abril de 2007

Santa Justa Klan

Santa Justa Klan es el nombre de un grupo de ¿música? surgido a raíz de esa cosa que algunos se empeñan en llamar serie, “Los Serrano”. Supongo que la brillante idea del productor al que se le ocurrió parir este engendro fue, amén de aprovechar su tirón televisivo, ofrecer a los actuales adolescentes españoles un grupo que se pretende a su imagen y semejanza. O, dicho de otra forma, dirigirse a ellos en su propio “idioma”, reflejando las que, a su juicio, deben de ser sus inquietudes y experiencias.

Pues estamos apañados. Si esta es la generación que va a pagar nuestras pensiones, ya podemos ir aprobando la eutanasia activa. He estado navegando por la web oficial www.santajustaklan.net y, al azar, he pinchado en una de sus canciones (“Yo paso del amor”). Extracto un par de estrofas:

Estar enamorado es una chorrada
que no te deja ni dormir.
Te pasas como empanao
las noches y los días.

Estar enamorado es una gilipollez.
Yo paso del amor.
Yo quiero jaleo en vez
de tanto amor.


Impresionante, ¿eh? La primera, en verso libre. La siguiente, en una muestra de revolucionario atrevimiento, rimada. ¡Y qué rimas! Gilipollez” con “vez” y, atención, “amor” con “amor”. Por no hablar de esa frase magistralmente encabalgada en los dos últimos versos. Ni los dadaístas fueron tan osados. Si Bécquer, el otrora poeta de la adolescencia, levantara la cabeza, se la volaba como su compañero de siglo Larra.

Evidentemente, mando al azar a tomar por saco y me dedico a leer con fruición todas las letras. Descubro esta otra perla, del temazo “La profesora de inglés”:

Qué malo está el pescado.
Qué mala la lechuga.
Qué malo el estofado
Y la sopa de verdura.
Qué malas las acelgas.
Qué malo el consomé.
Las coles de bruselas.
Qué malo está el puré.

Pero qué buena está la profesora de inglés.
Cada vez que la veo, la baba salpica mis pies.
Qué buena está la profesora de inglés.
Cada vez que la veo, la baba salpica mis pies.


La primera estrofa se carga de un plumazo los esfuerzos del Ministerio de Sanidad por fomentar la dieta mediterránea entre los jóvenes. La segunda provoca náuseas si uno se imagina a Boliche, el gordo apestoso del grupo (como todo el mundo sabe, una cosa es ser o estar “gordo” y otra ser un “gordo apestoso”), babeando cual troll de la serie “David el Gnomo”.

Y no se vayan todavía, que aún hay más. Lea uno la letra que lea, descubre lindezas como la siguiente, la canción “Me pica”, que reproduzco entera por su interés sociológico:

Me pica mucho, me pica,
y cuanto más me rasco, más me pica.
Empollando y estudiando, por la tarde repasando
entre libros y cuadernos, no me explico lo que siento.
Es un picor, es un dolor, un escozor, algo peor.
Corre, corre y me recorre,
me recorre, me recorre.

Pillo que te pillo
”El Señor de los Anillos”.
Pilla por la orilla
las faldas de esa niñas.
Vaya tía, vaya hembra,
la mujer de David Beckham.
Los pimientos de Padrón,
unos pican y otros non.


(Estos cuatro últimos versos harían palidecer de envidia a André Breton, el padre del surrealismo literario).

Me pica mucho, me pica,
y cuanto más me rasco, más me pica.
Todo el día con la Play,
eres un poco gay.
Aunque sea pequeño,
prefiero un caliqueño.


(Descubrimiento científico de primera magnitud: si juegas a la play station, eres "un poco" homosexual. La rima "pequeño"/"caliqueño", un hallazgo estilístico).

Paso de la ESO
y de la LODE, no te jode.
Prefiero ser Casillas
y anunciar unas natillas.
Mi padre se cabrea
cuando pierde España,
apaga la tele y se mete en la cama.


(No se me ocurre descripción más precisa de la España de hoy: el chaval pasando de estudiar porque prefiere ser un famoso televisivo y el papá sin enterarse de nada, embobado con el fútbol).

Yo me voy al baño,
algo me ha hecho daño.
No se por qué narices
me pican las lombrices.
Me pica mucho, me pica,
y cuanto más me rasco, más me pica.
Hey, amigos, a flipar como pepinos...


(¿Flipan los pepinos? ¿Lo sabe Arguiñano?).

Que una parte de la adolescencia española está formada por una panda de descerebrados es una realidad irrefutable, sobre todo para quien, como yo, tiene la desgracia de pasar a diario por delante de un instituto camino del trabajo. Lo que no acabo de entender es el empeño por descerebrar a esa otra parte que no se avergüenza de sus neuronas. A los productores de Santa Justa Klan habría que quemarlos vivos; a los padres de sus integrantes, empalarlos, y a ellos, darlos en adopción a una familia del Opus. Bueno, a los tres pequeños, porque, según tengo entendido, el gordo apestoso es mayor de edad. De hecho, quien suscribe tuvo el privilegio de verle conducir por las calles de Madrid a bordo de un coche pequeño en el que sus carnes desbordaban por la ventanilla. Así que, como ya es mayorcito, que lo fusilen al alba en la Plaza Mayor, para escarmiento de sus congéneres.

P.D.: A punto de cerrar esta entrada, descubro un chat en elmundo.es con Santa Justa Klan, uno de cuyos miembros dice que la canción "Ke te pires" es su favorita" porque "ya era hora de meter un tema con mensaje". Ojo al mensaje:

Qué más da cuál es la piel,
me da igual la religión,
yo sólo me fijo en el corazón.
En cada persona hay algo que aprender
y en cada cultura hay tantas cosas por conocer.


!Bravo! Imposible más ñoñería. Los propongo para la actuación musical del próximo encuentro de la Alianza de Civilizaciones Zapateril.

viernes, 20 de abril de 2007

Chusma mal acostumbrada

El otro día, antes de una reunión, me tuvieron esperando en una sala de esas en las que un monitor de plasma emite continuamente la señal de una cadena de televisión, sin posibilidad de apagarla o bajar el sonido. Era la CNN+ y retransmitía en directo la sesión parlamentaria de control al Gobierno, algo que, evidentemente, sólo puede interesar a un canal que debe rellenar 24 horas de parrilla diaria con (supuestas) noticias.

Cuando vinieron a buscarme, me encontraron completamente embobado delante de la tele, como si estuvieran emitiendo la mejor serie de intriga. Pero no, ¡era la sesión de control al Gobierno! Preocupado por haberme enganchado a semejante bodrio, me puse a analizar el porqué y hasta ahora no he llegado a una conclusión: porque lo que estaba viendo era telebasura pura y dura, y ya se sabe que ésta, por mucho que se la critique, seduce más que la serpiente de Adán y Eva.

Allí estaban, frente a frente, el trío de los Panchos -Rajoy, Acebes y Zaplana- y el dúo cómico-vocal Zapatero-Fernández de la Vega. Sus intervenciones se sustentaban en dos sólidos pilares intelectuales, resumibles en "a-todo-lo-que-digas-yo-respondo-y-tú-más" y "a-ver-a-quién-se-le-ocurre-el-insulto-más-ingenioso”. Todo ello, claro, jaleado por sus respectivas bandas de hooligans, prestas a aplaudir las sandeces del portavoz propio y a rebuznar ante las del contrario. Obviedades, demagogia y descalificaciones se sucedían en la pantalla, como si aquello fuera la tertulia de “A tu lado” o un debate de “Crónicas marcianas”. Parecía que en cualquier momento iba a aparecer Crispin Klander caminando a saltitos entre los escaños socialistas o la Bruja Lola encendiendo velas negras en las del PP.

Sometidas mis neuronas a un auténtico genocidio, una de las pocas supervivientes se preguntó: “¿Y no será que lo que le pasa a esta chusma es que está mal acostumbrada en sus comparecencias en público?” Por desgracia, falleció antes de contestar (ya digo que me encontraron en un estado cercano al vegetativo), pero, después de ver el programa de ayer en el que "la gente de la calle" hacía preguntas en TVE a Rajoy, creo que la respuesta es afirmativa.

Al líder del PP, por ejemplo, le preguntaron su sueldo, si iría a la boda de un hijo homosexual, si no le parecía mal que sus diputados se comportaran como ultrasures, si no mintió Acebes como Pinocho tras el 11-M, si no era una contradicción criticar la “realidad nacional” del estatuto catalán y no la del andaluz… y un largo etcétera de cuestiones que probablemente nadie había tenido nunca los cojones de plantearle.

Rajoy, Zapatero y fauna similar están habituados a hablar en mítines de seguidores entregados, en foros institucionales donde el respeto es obligado, en el Congreso con el respaldo de sus aficiones vociferantes, ante políticos de signo contrario tan limitados como ellos o frente a periodistas más preocupados por que no se les enfade el político, no vaya a ser que no les conceda la próxima entrevista. Así que tienen que llegar la señora Pepa de Lugo o el señor Paco de Almería a hacer las preguntas de verdad, las que los tertulianos llaman al día siguiente “incómodas”, reconociendo que las suyas rozarían la adulación.

miércoles, 18 de abril de 2007

Francisco Ibáñez

El señor de la izquierda es un genio, un maestro, un dios. En otras palabras, el puto amo. Se llama Francisco Ibáñez y, aunque tiene en su haber a otros muchos personajes -el Botones Sacarino, Rompetechos, los habitantes de 13 Rue del Percebe...-, pasará a la historia como el creador de Mortadelo y Filemón.

Desde su primera aparición en 1958, los dos agentes de la T.I.A. han protagonizado más de 150 álbumes, de los que se han vendido casi 200 millones de ejemplares en todo el mundo. Con semejante curriculum a sus espaldas, el año que viene cumplirán medio siglo de existencia y, si éste fuera un país normal, a su papá deberían homenajearlo hasta en el Congreso de los Diputados. Como no lo es, la cosa se quedará en algún acto organizado por su editorial y en un montón de entrevistas y reportajes en lo que al día siguiente no será sino papel mojado. Ojalá me equivoque, pero de lo que España depara a sus creadores podrían dar fe los dos mejores, Cervantes y Velázquez, cuyos restos invito a buscar a cualquiera que venga a Madrid (tendrá que conformarse con un par de placas en la calle de Lope de Vega y en la Plaza de Ramales respectivamente).

Supongo que la comparación con los autores del Quijote y Las Meninas resulta exagerada, pero me batiría en duelo con quien osara poner en cuestión que Ibáñez está a la altura de los mitificados Hergé o el tándem Uderzo y Goscinny. Y eso sin tener en cuenta que el Tintín del primero es un nenaza con un flequillo que recuerda sospechosamente al del protagonista de "Algo pasa con Mary" (el que se peina con la mano llena de semen postmasturbatorio) y el Astérix de los segundos, un listillo abofeteable (misión imposible, por otra parte, por su inseparable dosis de poción mágica, que ya me gustaría ver cómo se las apañaba sin ella).

Cuando era pequeño, en no recuerdo qué curso del colegio, nos dejaban una hora libre para leer lo que quisiéramos, tebeos incluidos, por aquello de fomentar la lectura. Los que íbamos de guay nos plantábamos delante de un libro, que quedaba mejor, pero enseguida detectábamos a los que estaban leyendo un mortadeloyfilemón: por sus carcajadas. Hacer reír a un niño es muy fácil; hacer que se carcajee, complicadísimo. Y allí estaban mis compañeros, a mandíbula batiente, como yo cuando dejaba de ir de guay y devoraba cuantas aventuras de los dos agentes cayeran en mis manos. Hasta tal punto me parecían ya geniales entonces que no entendía por qué los adultos a mi alrededor no las leían. Es más, pensaba: "Por mucho que yo me haga mayor, es imposible que alguna vez deje de leerlas".

Evidentemente sí fue posible, pero ello no quita para que añore a unos personajes que, además de procurarme tantos ratos de entretenimiento y risas, seguramente contribuyeron como pocos a enriquecer mi imaginación, mi sentido del humor, mi creatividad, mi afición a la lectura y, por qué no, mi cultura. A este respecto, me encanta una anécdota que he leído en internet (no sé si será cierta, que en la red nunca se sabe) según la cual un concursante del programa "50 por 15" dijo haber acertado la última pregunta, acerca de los hotentotes, por haber leído en un mortadeloyfilemón a uno de los personajes empleando, para que le franquearan el paso a la sede de la T.I.A., la contraseña "esos tipos con bigote tienen cara de hotentote".

Volviendo al principio, no sé cómo se conmemorará el cincuentenario de Mortadelo y Filemón ni si estará a la altura de lo que merecen. A mí al menos me queda el consuelo de comprobar todos los años, en la Feria del Libro de Madrid, que la cola de Francisco Ibáñez sigue siendo la más grande (con perdón). En ninguna otra, ni en la del brasas de Antonio Gala, se pone tanta gente a la espera de que le dediquen un ejemplar, hasta el punto que el personal de seguridad tiene que habilitar unas vallas para poner orden entre niños y padres, curiosamente todos con la misma sonrisa en la boca. Al final resultará que las personas nos dividiremos entre las que hemos leído alguna vez un mortadeloyfilemón y las que no.