Me he acordado de esta obra, que acabé la semana pasada, después de escribir la entrada sobre "300". Es de Homero, de cuya vida nada se sabe. Hay quienes aseguran que existió realmente y quienes opinan que no se trata más que de una "marca" bajo la que se recopilaron diferentes poemas de la tradición oral helénica. ¿Qué más da? El caso es que, hace la friolera de 2.800 años, alguien se había dado cuenta ya de que "llega el hombre a saciarse de todas las cosas: del sueño, del amor, del dulce canto y de la alígera y divertida danza, cosas incomparablemente más agradables, hermosas y deseables que la guerra. Y, sin embargo, estos hombres no se hartan de combatir" (canto XIII). Pues anda que no les quedaba mili por delante a "estos hombres". Desde las murallas de Troya al berenjenal de Irak, esto ha sido un constante arrearnos los unos a los otros y un permanente lamentarlo. Por si alguien se ha hecho ilusiones, el mismo personaje que pronuncia la cita anterior, tan aparentemente pacifista, momentos antes "hundía su espada en la frente del troyano, encima de la nariz. Crujieron los huesos y los ojos, ensangrentados, cayeron en el polvo a los pies del guerrero, que se dobló y desplomó sobre el suelo". Vamos, que, después de masacrar al enemigo, se pone tierno. ¿Contradictorio? Sí, pero, en otras palabras, muy humano.
Dice Pérez-Reverte, que de guerras tiene alguna experiencia, que cualquiera de nosotros, dadas determinadas circunstancias, no dudaría en matar, torturar, violar, saquear... Puede ser. Menos radical, creo haberle leído a Rosa Montero un planteamiento simplón pero eficaz, según el cual hay unas pocas personas buenas, muy buenas; otras pocas malas, muy malas, y, entre medias, una inmensa mayoría, capaz, según sople el viento, de lo mejor y de lo peor. Por eso se asemejan tanto los pacifistas extremos y los belicosos que lo solucionarían todo a golpes, porque se olvidan de esa mayoría, porque ignoran ingenuamente su complejidad y sus contradicciones.
Vi hace tiempo un documental en el que contaban que, cuando China invadió el Tíbet, los monjes budistas mandaron su milenaria doctrina de la no violencia a hacer puñetas y acabaron pegando tiros para defenderse de la agresión. Porque una cosa es ser monje y otra, gilipollas. Que lo de poner la otra mejilla está muy bien hasta que empieza a escocer. Y que lo de machacarle la mejilla al prójimo que se deja resulta fácil hasta que a éste se le inflan las narices. Que, en suma, cada problema humano -o entre humanos- requiere su propio análisis y su solución única y puntual. ¿Alguien se imagina qué hubiera pasado si Gandhi, el pacifista por antonomasia, cuyas enseñanzas y métodos intentan extrapolar algunos a tantos conflictos, en vez de a los ingleses -a lo mejor unos imperialistas de mierda, pero civilizados al fin y al cabo-, hubiera tenido enfrente a los nazis? "Entrañable abuelito, ¿nos haría el favor de entrar en esta cámara de gas y aspirar bien fuerte?". Y no hace falta imaginar, porque lo leemos en la prensa todos los días, qué le ha ocurrido a Bush, el ídolo de los belicistas occidentales, en Irak (casi sería mejor: qué le ha ocurrido a Irak con Bush).
¿A dónde nos lleva todo esto? Ni idea. Es lo malo de actualizar el blog pasadas las doce de la noche. Empiezas hablando de la Ilíada, que queda muy intelectual, y terminas desbarrando más que Jesús Quintero con cuatro copas, así que procedo a etiquetar esta entrada como paja mental y me voy a la cama.
jueves, 22 de marzo de 2007
"300": a verla sin complejos
La estrenan mañana y estoy deseando verla. Porque ésta no me la descargo de internet, no, que uno de sus puntos fuertes es la estética y en la pantalla del ordenador no se apreciará una mierda. Iré al cine, aun a riesgo de encontrarme rodeado de voraces devoradores de palomitas, sorbedores de refrescos y subespecies similares. Ahora bien, procuraré dejarme el cerebro en casa, porque el argumento viene a ser algo así como "tíos medio en pelotas matándose a hostias".
Periodistas más capacitados que yo, a quienes este resumen debe de parecerles insuficiente, escriben páginas y más páginas sobre el cómic original de Frank Miller, la batalla de las Termópilas, en la que la leyenda sitúa a 300 espartanos frente a un millón de persas (tampoco es tan desproporcionado: Rambo era él solo contra medio ejército de Vietnam), las quejas de las autoridades iraníes por la supuesta mala imagen que da la película de sus antepasados, la metáfora de Occidente resistiendo frente a la amenaza oriental, sus consecuentes paralelismos con la geopolítica actual, la exaltación del militarismo...
Yo insisto: tíos medio en pelotas matándose a hostias, que no hay que avergonzarse. Consciente de que es una hollywoodiense película de acción, no espero de ella más que eso: acción, pasar el rato y, si se tercia, disfrutar de la belleza de las imágenes, por violentas que sean. La gente lleva decenios yendo al Louvre a extasiarse delante de "El rapto de las sabinas" de David, donde los personajes están a lanzazo limpio, y nadie se escandaliza.
Si de un producto como "300" salgo lloriquendo por su brutalidad -que sus responsables no han ocultado en ninguno de los trailers que circulan por la red- o porque no he encontrado en ella el sentido de la vida, será un problema mío, no de la película. Y si la analizo detenidamente y veo en su argumento un reflejo de la represión del Bajo Ampurdán por el Estado español, una alusión velada a la crisis del Real Madrid o las claves cifradas para prever la llegada del Anticristo, será que soy imbécil.
Periodistas más capacitados que yo, a quienes este resumen debe de parecerles insuficiente, escriben páginas y más páginas sobre el cómic original de Frank Miller, la batalla de las Termópilas, en la que la leyenda sitúa a 300 espartanos frente a un millón de persas (tampoco es tan desproporcionado: Rambo era él solo contra medio ejército de Vietnam), las quejas de las autoridades iraníes por la supuesta mala imagen que da la película de sus antepasados, la metáfora de Occidente resistiendo frente a la amenaza oriental, sus consecuentes paralelismos con la geopolítica actual, la exaltación del militarismo...
Yo insisto: tíos medio en pelotas matándose a hostias, que no hay que avergonzarse. Consciente de que es una hollywoodiense película de acción, no espero de ella más que eso: acción, pasar el rato y, si se tercia, disfrutar de la belleza de las imágenes, por violentas que sean. La gente lleva decenios yendo al Louvre a extasiarse delante de "El rapto de las sabinas" de David, donde los personajes están a lanzazo limpio, y nadie se escandaliza.
Si de un producto como "300" salgo lloriquendo por su brutalidad -que sus responsables no han ocultado en ninguno de los trailers que circulan por la red- o porque no he encontrado en ella el sentido de la vida, será un problema mío, no de la película. Y si la analizo detenidamente y veo en su argumento un reflejo de la represión del Bajo Ampurdán por el Estado español, una alusión velada a la crisis del Real Madrid o las claves cifradas para prever la llegada del Anticristo, será que soy imbécil.
miércoles, 21 de marzo de 2007
Spiderman y el integrismo religioso
Engendrado por un padre, fue criado por otro. Su infancia se desconoce, pero, al salir de la adolescencia, comenzó a trabajar en pro de la humanidad aprovechando sus dones especiales. ¿Estamos hablando de Jesucristo? No, de Spiderman.
Ocurre que el fundador del cristianismo y el personaje de la Marvel presentan sorprendentes similitudes. Ambos tienen personalidad múltiple (triple en el caso del Hijo de Dios, que es también Padre y Espíritu Santo; doble en el de Spiderman, que es Peter Parker en los ratos libres); un padre que cuida de ellos que no es el mismo que puso la semillita (Dios/San José vs. el papá de Peter/tío Ben); superpoderes que utilizan para hacer el Bien; un oficio a tiempo parcial para sufragar los gastos de sus andanzas (carpintero vs. fotógrafo); una figura materna virginal (la tía May carece de descendencia propia, lo cual es sospechoso a la vista del saludable aspecto de su marido), y una amiguita pelín guarrilla con la que no acaban de llegar a mayores (María Magdalena vs. Mary Jane).
Ahora bien, mientras que de la existencia de Jesucristo sólo tenemos unos cuantos testimonios -el Nuevo Testamento, los apócrifos y referencias sueltas de historiadores romanos-, los de Spiderman se cuentan por miles. Desde que la Buena Nueva de su conversión en Hombre-Araña fue transmitida a la humanidad en 1962, no han cesado de aparecer pruebas de su existencia. Y su Misión es totalmente altruista: hace el Bien porque sí, sin pedir nada a cambio, ni oraciones, ni donativos, ni actos de contrición, ni aburridos ritos dominicales.
Es más, en caso de sufrir una agresión, ¿a quién preferirías a tu lado para defenderte? ¿A un tipo capaz de cegar a su contrario con una red arácnida e inflarle a hostias hasta dejarlo empotrado en medio de las torres KIO o al que dijo aquello de “Si te pegan, pon la otra mejilla?” Por no hablar de otras declaraciones de este último como “Yo soy el que soy”, propia de quien no se ha preocupado de formarse adecuadamente, a diferencia del pobre Peter Parker, licenciado en Químicas después de años de sacrificios y noches en vela.
Los odiosos fieles de cualquier religión aficionados a considerarla la Única y Verdadera -nada que ver con los que van a su bola sin dar por saco a los demás- deberían tomar nota de todos estos planteamientos. Tanto respeto merece el señor que se postra en una iglesia de Roma como el que lo hace a los pies de un árbol en Guinea-Conakry porque cree que allí habitan los espíritus de sus antepasados. Y probablemente más aún merezcamos los spidermanistas, que, por ejemplo, no nos cabreamos si alguien hace una película de nuestro Amado Líder follando con su novia -de hecho, lo estamos deseando- o se pone una camiseta con su efigie (de hecho, correríamos a comprarla).
Ocurre que el fundador del cristianismo y el personaje de la Marvel presentan sorprendentes similitudes. Ambos tienen personalidad múltiple (triple en el caso del Hijo de Dios, que es también Padre y Espíritu Santo; doble en el de Spiderman, que es Peter Parker en los ratos libres); un padre que cuida de ellos que no es el mismo que puso la semillita (Dios/San José vs. el papá de Peter/tío Ben); superpoderes que utilizan para hacer el Bien; un oficio a tiempo parcial para sufragar los gastos de sus andanzas (carpintero vs. fotógrafo); una figura materna virginal (la tía May carece de descendencia propia, lo cual es sospechoso a la vista del saludable aspecto de su marido), y una amiguita pelín guarrilla con la que no acaban de llegar a mayores (María Magdalena vs. Mary Jane).
Ahora bien, mientras que de la existencia de Jesucristo sólo tenemos unos cuantos testimonios -el Nuevo Testamento, los apócrifos y referencias sueltas de historiadores romanos-, los de Spiderman se cuentan por miles. Desde que la Buena Nueva de su conversión en Hombre-Araña fue transmitida a la humanidad en 1962, no han cesado de aparecer pruebas de su existencia. Y su Misión es totalmente altruista: hace el Bien porque sí, sin pedir nada a cambio, ni oraciones, ni donativos, ni actos de contrición, ni aburridos ritos dominicales.
Es más, en caso de sufrir una agresión, ¿a quién preferirías a tu lado para defenderte? ¿A un tipo capaz de cegar a su contrario con una red arácnida e inflarle a hostias hasta dejarlo empotrado en medio de las torres KIO o al que dijo aquello de “Si te pegan, pon la otra mejilla?” Por no hablar de otras declaraciones de este último como “Yo soy el que soy”, propia de quien no se ha preocupado de formarse adecuadamente, a diferencia del pobre Peter Parker, licenciado en Químicas después de años de sacrificios y noches en vela.
Los odiosos fieles de cualquier religión aficionados a considerarla la Única y Verdadera -nada que ver con los que van a su bola sin dar por saco a los demás- deberían tomar nota de todos estos planteamientos. Tanto respeto merece el señor que se postra en una iglesia de Roma como el que lo hace a los pies de un árbol en Guinea-Conakry porque cree que allí habitan los espíritus de sus antepasados. Y probablemente más aún merezcamos los spidermanistas, que, por ejemplo, no nos cabreamos si alguien hace una película de nuestro Amado Líder follando con su novia -de hecho, lo estamos deseando- o se pone una camiseta con su efigie (de hecho, correríamos a comprarla).
martes, 20 de marzo de 2007
Graffities
O como se escriba. Porque, con lo que los odio, no me voy a molestar en averiguarlo, así que llamémosles mejor pintadas, en castizo. Sí, pintadas. No "arte urbano". Porque aquí llega un imbécil, estampa su firma o un garabato en el pedestal de una estatua y tiene la tranquilidad de que acabará pasando por delante alguien aún más imbécil que él que llamará a eso "arte". Y que, con suerte, se cascará una paja mental del tipo "esta pintada es una expresión del decontento popular con la carestía de espacios urbanos en los que dar rienda suelta a la creatividad de outsiders que no encuentran su sitio en los circuitos oficiales (gracias a Dios) y han de buscar en la calle los mecanismos para expresar con la libertad que precisan unas inquietudes hondamente arraigadas en el subconsciente colectivo, contactando con él para retroalimentarse, bla, bla, bla...", momento en el cual tal individuo debería ser condenado a cadena perpetua en una prisión turca mientras su casa es asaltada por una banda de grafiiteros drogados, a ver si decorando las paredes de su salón le parecen tan artistas.
En efecto, si las pintadas son arte, ¿por qué sus responsables no las hacen en el hogar paterno (doy por hecho que viven con papá y mamá porque a tipos así no los veo yo muy capaces de independizarse económicamente)? En Madrid fue muy famoso un tal "Muelle", que tenía estampada su firma en media ciudad, sobre todo en los andenes del metro, como si estos no fueran de por sí suficientemente asquerosos. De él (también doy por hecho que los graffiteros son hombres en su inmensa mayoría, prueba palpable de la superioridad del género femenino) corrieron muchos rumores: que si otros retrasados imitaban su firma y por eso había tantas, que si había multinacionales en su busca para comprarle los derechos del nombre... Sólo espero que sea cierto uno de ellos: que ha muerto. Desde hace por lo menos una década, no se ha vuelto a saber de él, señal de que o ha palmado -intoxicado con tanto spray y espero que sufriendo- o se ha cansado de hacer el capullo.
Mención aparte merecen, entre estos "artistas urbanos", los que demuestran cierta habilidad en el dibujo y le ponen empeño a la cosa, optando por la pintada figurativa. Por ejemplo, en la Plaza de San Juan de la Cruz, en Madrid, subiendo por Ríos Rosas a la izquierda, el enorme lateral de un edificio de viviendas está decorado con una silueta humana bastante lograda que embellece lo que, si no, sería una pared de ladrillo más fea que Rossy de Palma antes del desayuno. Digo yo que a este graffitero le habrá dado permiso el Ayuntamiento o quien se encargue de ello para integrar su obra en el entorno, porque de eso se trata: si una ciudad es el proyecto común de todos sus habitantes, nadie puede imponer sus gustos (sus firmas, sus garabatos, sus mierdas, sus dibujos... sus lo que sea) a los demás.
En cuanto al argumento de que, si estos "artistas" -los que van por libre, no los "supervisados"- no pintan en la calle, no tienen otro sitio donde los demás puedan admirar su obra, quienes lo esgrimen deberían plantearse tres preguntas. La primera: ¿por qué no tienen otro sitio? A lo mejor porque como artistas son una puta mierda y no les dejarían exponer ni en el Centro Cultural de Alpedrete. La segunda: ¿qué necesidad tenemos los demás de admirar semejantes bodrios? ¿Nos han preguntado, antes de perpetrarlos, si queremos verlos? La tercera: si tanto precisan del reconocimiento ajeno, ¿por qué no crean un blog tan sencillito como éste y cuelgan en él cuanto garabato absurdo quieran someter a la admiración de la humanidad entera?
No puedo terminar sin una referencia expresa a la vestimenta de los graffiteros, que suele ser de tres tipos: chándal sin capucha, chándal con capucha y chándal con capucha y pasamontañas. Esta última y elegante combinación es la preferida para salir en programas de la tele como "Espejo público" explicando anónimamente el valor de su arte, la falta de de espacio, lo malos e ignorantes que son los policías que los persiguen, bla, bla, bla... Ah, y se me olvidaba el peligro que corren o nos hacen correr a los demás los muy cretinos. El otro día iba por la Nacional II, de vuelta a Madrid, y debajo de Arturo Soria, en pleno arcén, había un chandalero fotografiando a otro que posaba orgulloso junto a un engendro recién pintado, despreciando a los coches que pasaban a su lado a toda hostia. No llego a ir por el carril izquierdo y les meto un viaje que a estas horas iban a estar decorándole las puertas a San Pedro.
En efecto, si las pintadas son arte, ¿por qué sus responsables no las hacen en el hogar paterno (doy por hecho que viven con papá y mamá porque a tipos así no los veo yo muy capaces de independizarse económicamente)? En Madrid fue muy famoso un tal "Muelle", que tenía estampada su firma en media ciudad, sobre todo en los andenes del metro, como si estos no fueran de por sí suficientemente asquerosos. De él (también doy por hecho que los graffiteros son hombres en su inmensa mayoría, prueba palpable de la superioridad del género femenino) corrieron muchos rumores: que si otros retrasados imitaban su firma y por eso había tantas, que si había multinacionales en su busca para comprarle los derechos del nombre... Sólo espero que sea cierto uno de ellos: que ha muerto. Desde hace por lo menos una década, no se ha vuelto a saber de él, señal de que o ha palmado -intoxicado con tanto spray y espero que sufriendo- o se ha cansado de hacer el capullo.
Mención aparte merecen, entre estos "artistas urbanos", los que demuestran cierta habilidad en el dibujo y le ponen empeño a la cosa, optando por la pintada figurativa. Por ejemplo, en la Plaza de San Juan de la Cruz, en Madrid, subiendo por Ríos Rosas a la izquierda, el enorme lateral de un edificio de viviendas está decorado con una silueta humana bastante lograda que embellece lo que, si no, sería una pared de ladrillo más fea que Rossy de Palma antes del desayuno. Digo yo que a este graffitero le habrá dado permiso el Ayuntamiento o quien se encargue de ello para integrar su obra en el entorno, porque de eso se trata: si una ciudad es el proyecto común de todos sus habitantes, nadie puede imponer sus gustos (sus firmas, sus garabatos, sus mierdas, sus dibujos... sus lo que sea) a los demás.
En cuanto al argumento de que, si estos "artistas" -los que van por libre, no los "supervisados"- no pintan en la calle, no tienen otro sitio donde los demás puedan admirar su obra, quienes lo esgrimen deberían plantearse tres preguntas. La primera: ¿por qué no tienen otro sitio? A lo mejor porque como artistas son una puta mierda y no les dejarían exponer ni en el Centro Cultural de Alpedrete. La segunda: ¿qué necesidad tenemos los demás de admirar semejantes bodrios? ¿Nos han preguntado, antes de perpetrarlos, si queremos verlos? La tercera: si tanto precisan del reconocimiento ajeno, ¿por qué no crean un blog tan sencillito como éste y cuelgan en él cuanto garabato absurdo quieran someter a la admiración de la humanidad entera?
No puedo terminar sin una referencia expresa a la vestimenta de los graffiteros, que suele ser de tres tipos: chándal sin capucha, chándal con capucha y chándal con capucha y pasamontañas. Esta última y elegante combinación es la preferida para salir en programas de la tele como "Espejo público" explicando anónimamente el valor de su arte, la falta de de espacio, lo malos e ignorantes que son los policías que los persiguen, bla, bla, bla... Ah, y se me olvidaba el peligro que corren o nos hacen correr a los demás los muy cretinos. El otro día iba por la Nacional II, de vuelta a Madrid, y debajo de Arturo Soria, en pleno arcén, había un chandalero fotografiando a otro que posaba orgulloso junto a un engendro recién pintado, despreciando a los coches que pasaban a su lado a toda hostia. No llego a ir por el carril izquierdo y les meto un viaje que a estas horas iban a estar decorándole las puertas a San Pedro.
Todo es empezar...
Pues sí, al final me he animado y heme aquí con mi flamante blog. Por ahora parece fácil. Apenas he tenido que seguir unas cuantas indicaciones y, cuando me he querido dar cuenta, ya estaba hecho. Son de agradecer tantas facilidades, porque pocas cosas me dan más pereza en esta vida que leer instrucciones. Creo que fui una de las últimas personas en tener reproductor de CDs en España, no por fidelidad al vinilo y su entrañable sonido a freidora del McDonald's, sino por vaguería, por no tener que aprender a usarlo. A mí, las explicaciones en plan Coco el de "Barrio Sésamo" o me pierdo.
El objetivo de este blog es, como su nombre indica, recopilar fobias personales y ajenas. ¿Qué es una fobia? Según la Real Academia: (1) aversión obsesiva a alguien o a algo; (2) temor irracional compulsivo. !En efecto! Por fobia me refiero al odio más visceral que se pueda sentir sin un motivo especialmente razonado. Por ejemplo, puedes odiar a Bin Laden y a Ramoncín, pero, si lo analizas detenidamente, te sorprenderá darte cuenta de que el odio que sientes hacia el primero es un odio lógico, meditado, que no te saca de quicio. Sin embargo, al hacer lo propio con el Rey del Pollo Frito, el Gran Tertuliano, el Padre de la Modernidad, descubres que pierdes los nervios, que algo te corroe las entrañas, que te darías cabezazos contra la pared porque prefieres morir a dedicar un segundo más de tu vida a pensar en semejante individuo.
Otro ejemplo: abres el periódico, ves una foto de Bush y piensas: "Menudo hijoputa; ¿cómo puede estar el país más poderoso del mundo gobernado por un chimpancé?". Como máximo, pasas página. Ahora bien, estás comiendo en un bar y el tipo de al lado se pone a hablar mientras mordisquea, juguetea o simplemente mueve entre sus babosos labios un palillo usado... ¿Acaso no te entran ganas de abalanzarte sobre la barra, arrebatarle el cuchillo jamonero al camarero y hacer que Hannibal Lecter parezca un boy scout a tu lado?
Pues bien, fobias como éstas son las que quiero recoger en este blog, porque, como diría un psicólogo pedante (o sea, como diría un psicólogo), no hay como verbalizarlas (pondría esta palabra en cursiva o negrita, pero no sé hacerlo) para que dejen de reconcomernos y el nazi intransigente que todos -nos declaremos de izquierdas o de derechas, del Madrí o del Aleti, tigres o leones, de los Beatles o de los Rolling- llevamos dentro se calme un rato, al menos hasta que se plantee su próxima fobia. "Mejor desbarrar que subirse a una azotea a pegar tiros" sería un buen lema para este blog, en el que, no obstante, espero ir refiriéndome también a todos esos amores, pasiones y aficiones que acaban floreciendo como rosas en un vertedero (qué pedante: ¿seré psicólogo?).
El objetivo de este blog es, como su nombre indica, recopilar fobias personales y ajenas. ¿Qué es una fobia? Según la Real Academia: (1) aversión obsesiva a alguien o a algo; (2) temor irracional compulsivo. !En efecto! Por fobia me refiero al odio más visceral que se pueda sentir sin un motivo especialmente razonado. Por ejemplo, puedes odiar a Bin Laden y a Ramoncín, pero, si lo analizas detenidamente, te sorprenderá darte cuenta de que el odio que sientes hacia el primero es un odio lógico, meditado, que no te saca de quicio. Sin embargo, al hacer lo propio con el Rey del Pollo Frito, el Gran Tertuliano, el Padre de la Modernidad, descubres que pierdes los nervios, que algo te corroe las entrañas, que te darías cabezazos contra la pared porque prefieres morir a dedicar un segundo más de tu vida a pensar en semejante individuo.
Otro ejemplo: abres el periódico, ves una foto de Bush y piensas: "Menudo hijoputa; ¿cómo puede estar el país más poderoso del mundo gobernado por un chimpancé?". Como máximo, pasas página. Ahora bien, estás comiendo en un bar y el tipo de al lado se pone a hablar mientras mordisquea, juguetea o simplemente mueve entre sus babosos labios un palillo usado... ¿Acaso no te entran ganas de abalanzarte sobre la barra, arrebatarle el cuchillo jamonero al camarero y hacer que Hannibal Lecter parezca un boy scout a tu lado?
Pues bien, fobias como éstas son las que quiero recoger en este blog, porque, como diría un psicólogo pedante (o sea, como diría un psicólogo), no hay como verbalizarlas (pondría esta palabra en cursiva o negrita, pero no sé hacerlo) para que dejen de reconcomernos y el nazi intransigente que todos -nos declaremos de izquierdas o de derechas, del Madrí o del Aleti, tigres o leones, de los Beatles o de los Rolling- llevamos dentro se calme un rato, al menos hasta que se plantee su próxima fobia. "Mejor desbarrar que subirse a una azotea a pegar tiros" sería un buen lema para este blog, en el que, no obstante, espero ir refiriéndome también a todos esos amores, pasiones y aficiones que acaban floreciendo como rosas en un vertedero (qué pedante: ¿seré psicólogo?).
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